La fallerización de la Feria de Julio


Hoy en día estamos acostumbrados a que la Feria de Julio de Valencia esté plagada de falleras (en preselecciones y en la batalla de flores, por ejemplo), pero la relación entre ese festejo veraniego y las Fallas viene de muy lejos, aunque no siempre ha sido tan fuerte como actualmente.

La Feria de Julio  apareció en 1871 en torno a las corregudes de Sant Jaume (una feria taurina que se celebraba por el día de San Jaime) como un acontecimiento comercial y festivo, con el objetivo de retrasar la huída de la burguesía a sus lugares de veraneo y así animar el comercio de la ciudad esas fechas. Pronto se vio que la vertiente lúdica era el verdadero negocio, por lo que la parte mercantil de la feria fue perdiendo importancia hasta llegar a desaparecer. Lo que sí se mantuvo durante mucho tiempo fue el carácter burgués del nuevo festejo, dado que éste estaba pensado inicialmente para la diversión y lucimiento de las clases altas valencianas.

Los actos de la Feria han variado con el paso del tiempo, tanto que son muy pocos los que pueden considerarse “tradicionales” (la Batalla de Flores es el más significativo). Sin embargo, relacionados con las Fallas ha habido desde los tiempos de la II República. En efecto, en 1933 el Comité Central Fallero, precedente de la actual Junta Central Fallera, presentó a las falleras mayores de Valencia en la Feria de Julio. Ahora bien,  no fue hasta los años 50 cuando la presencia de las Fallas se intensificó en dicho festejo.

A los antes habituales  pabellones de la feria se unieron los de carácter fallero en 1942, cuando Junta Central Fallera instaló por primera vez el suyo. Nueve años después, en 1951, se estrena el primer pabellón de una comisión fallera, el de La Merced. A éste le siguieron los de la Plaza del Mercado y de la Plaza del Doctor Collado en 1952,  Félix Pizcueta-Cirilo Amorós en 1957, Exposición-Micer Mascó y el Cohet en 1958 (aunque la primera lo tuvo, pero alquilado a la Sociedad Valenciana de Agricultura, desde 1956), avenida del Oeste y Ángel Guimerá-Fernando el Católico en 1961, y Reina-Paz-San Vicente en 1969. Estos pabellones permitieron revitalizar la Feria en una época de decadencia de la misma, dándole además  un aire más popular y más valenciano (las Fallas por aquel entonces ya eran un símbolo cultural de Valencia).

En especial, las Fallas se hicieron notar en la Feria de Julio desde 1952, año en que Junta Central Fallera empezó a plantar una pequeña falla en su pabellón cuya cremà, acompañada de un castillo de fuegos artificiales, cerraba el programa tras la Batalla de Flores. Pero además, dentro de los pabellones falleros se celebraba una semana fallera en pequeño, con tracas, rifas, bailes, y además se elegían reinas de pabellón, y se celebraban preselecciones de la corte de honor de la fallera mayor de Valencia. Todo esto duró hasta los años setenta, en que los pabellones entraron en decadencia cuando la Feria se trasladó de la Alameda a la periferia.

Pero la participación de las Fallas en la Feria de Julio no se limitó a los paradores. También en la Batalla de Flores, antes de que las preseleccionadas para las cortes de honor desfilaran en la misma, colaboraron los falleros. Las comisiones fueron habituales proveedores de carrozas entre 1939 y 1975, aportando un 40% de las no oficiales que hubo en ese período.

Ya en la democracia, el mundo fallero se esforzó en darle vida a una Feria de Julio de capa caída, la cual sufría la competencia de las nuevas formas de ocio veraniegas. En los años ochenta, el ayuntamiento introdujo la novedad de los conciertos en los Jardines del Real, pero fueron las preselecciones y los actos tradicionales lo que mejor funcionó.

A partir de los noventa, la “fallerización” de la feria se hace palpable no sólo con las preselecciones, sino también con la Batalla de Flores, donde participan las candidatas preseleccionadas. Tampoco hay que olvidar la Nit de la punxà, noche previa a la Batalla de Flores en la que los artistas falleros terminan las carrozas y diversos campeonatos falleros (truc, parchís y dominó) que en los últimos años se han incorporado al programa de la Feria. La novedad más reciente en este sentido ha sido la entrada de la I Volta a Peu Fallera en la Feria de Julio, haciéndolo por primera vez en la edición de 2010.

En definitiva, las Fallas han aportado y aportan su granito de arena a la Feria de Julio de Valencia, haciéndola más popular y más valenciana, ayudándola incluso a sobrevivir en sus peores momentos.

Más información: HERNÁNDEZ, GIL-MANUEL (1998):  La Feria de Julio de Valencia, Valencia, Carena Editors.
Imágenes por orden de aparición: Batalla de Flores de la Feria de Julio de Valencia de 2010, por Artur Part; Pabellón de la Falla Exposición en 1957, del libro 50 años de Exposición; Preselección del sector Algirós de 2010, por Carlos Collado en www.sectoralgiros.com.