Julián Puche, de Madrid a las fallas


El artista fallero Julián Puche será siempre recordado por sus fallas grandes y cómicas, por sus seis ninots indultats, así como por ser el iniciador de una saga familiar que hoy continúa. Parte de la llamada Generación de Oro de artistas falleros, compuesta por Juan Huerta, Salvador Debón, Vicente Luna y él mismo, su talento le permitió plantar en la sección especial 16 años consecutivos, en los cuales ganó varios primeros premios. Nacido el 25 de junio de 1915 en Carabanchel Alto (por entonces un municipio independiente de Madrid) por circunstancias laborales de su padre, pronto se traslada a Valencia donde estudia en Academia de Artes y Oficios de San Carlos. Se acaba de formar en el taller del pintor y cartelista Vicente Canet Cabellón, quien le introduce en la construcción de fallas. La primera la construye en Benimaclet junto a unos amigos en 1942, pero es al año siguiente en Pelayo-Matemático Marzal donde arranca con un monumento firmado por él.

NInot indultat 1959 en la falla Peu de la Creu.

NInot indultat 1959 en la falla Peu de la Creu.

 

A partir de entonces empieza a plantar fallas en solitario o junto a su hermano Emilio, siendo algunas de las primeras tan memorables como la de Guillem de Castro-Na Jordana-Beneficència de 1948, que era una carroza que podía circular por la calle. En 1951 gana el premio al mejor ninot de la sección tercera, lo que es el precedente de los seis ninots indultats que conseguiría a lo largo de su carrera, curiosamente cada uno conseguido con una comisión fallera diferente. Todos ellos los construyó íntegramente en cartón; de hecho, fue de los primeros artistas que realizaron íntegramente las figuras con este material.

En 1961 debutó en la sección especial con Na Jordana, mérito que se ganó tras conseguir un primer premio de la sección segunda con la Falla Pie de la Cruz en 1959 y dos ninots indultats consecutivos: Llaurador valencià con la mencionada falla de 1959, y Tertúlia de vells en 1960 con la Falla Plaza del Pilar. El labrador que coronaba Dur endavant una falla… fue el primero de los siete monumentos consecutivos que realizaría para la comisión del Carmen. Le siguió L’home és un ninot de falla i al so que li toque balla y el demonio de Temptació, pero no fue hasta 1965 cuando consiguió su primer premio de la máxima categoría con la mítica Es xopà fins la moma. La última de Julián Puche en Na Jordana, Pallassos (1968), fue la primera falla espectáculo de la comisión, ya que contenía un museo visitable por el público.

Falla Convento Jerusalén, 1970.

Falla Convento Jerusalén, 1970.

 

Al año siguiente fue contratado por Convento Jerusalén-Matemático Marzal, comisión con la que estuvo hasta 1972 consecutivos y supuso la consolidación del cambio del artista hacia la caricatura. Con esta comisión consiguió otros dos primeros puestos en la sección especial, en concreto en 1970 con Xoriços y en 1971 con La selva, y también otro ninot indultat en 1969, el titulado Cabassada de xiquets. Este período casi coincide con su cargo de maestro mayor del Gremio de Artistas Falleros de Valencia, pues lo ostentó de 1970 a 1974.

Escena del tranvía de la falla de Na Jordana de 1973, de Julián Puche.

Escena del tranvía de la falla de Na Jordana de 1973, de Julián Puche.

 

Tras este paréntesis, Puche vuelve a Na Jordana en 1973 y lo hace con una falla muy humorística, Porcades, la cual fue muy criticada por la prensa e incluso calificada de inmoral por su atrevimiento. Dieron que hablar en la prensa escenas como la del tranvía, en la que una mujer está poniendo a hacer pipí a su hija y, de un frenazo, todos los viajeros que tiene detrás se apretujan tras ella. En aquella época el tono del monumento era demasiado agresivo para el jurado y sólo le dieron el tercer premio de especial, aunque consiguió el primero de ingenio y gracia. Más comedida fue la siguiente, Les mil i una nits o molt de conte, para pasar en 1975 a una falla que ya se considera un clásico: Naufraguen les tradicions. Fue un monumento que, bajo la apariencia de homenaje al folklore valenciano, era una reivindicación de la identidad valenciana frente al centralismo que se vivía con el franquismo. Fue el broche de oro a su participación en la sección especial, ya que con ella logró su cuarto ninot indultat, Enyorances del passat.

Falla de Na Jordana de 1975.

Falla de Na Jordana de 1975.

 

En 1976 empieza a colaborar con comisiones como la Falla Obispo Amigó-Cuenca y San Vicente-Falangista Esteve, y lo hace junto a su hijo Pepe y consiguiendo diversos premios en la sección primera B. A la primera le realiza el monumento en su cincuentenario, en 1979, que militó en primera A, cuyo lema fue A la lluna de València y que consiguió tanto el primer premio de sección como de ingenio y gracia, y además un indulto para el Museo del Gremio de Artistas Falleros. El año siguiente, 1980, también fue muy bien, pues dos fallas que planta (Obispo Amigó y Espartero-Ramón y Cajal), dos primeros premios que consigue, uno en sección primera A y otro en primera B. Además consiguió otro indulto con el grupo La corda fluixa de la Falla Plaza Obispo Amigó-Cuenca.

Sus últimas fallas las realizó para las fiestas de 1981, despidiéndose de su trabajo como artista a lo grande, pues logró los premios primero y tercero en la sección primera A, otro primero en ingenio y gracia en la misma categoría, otro de mejor ninot de sección y su último ninot indultat: No canvies senda vella per novella, con Espartero-Ramón y Cajal. A partir del año siguiente ya no firma monumentos, pero sigue en los talleres ayudando a su hijo Pepe Puche y a su discípulo Luis Martínez Canuto.

La jubilación no le dura más que dos años, ya que en 1984 fallece dejando en la memoria colectiva de los valencianos grandes fallas. No obstante, su apellido continua haciendo historia en la fiesta gracias a su hijo Pepe y a su nieta Marina.

 

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