Interrogando a la candidata

Seguro que te habrás preguntado alguna vez: ¿qué les preguntarán los jurados a las chicas preseleccionadas para elegir las que irán a las Cortes de Honor? O quizás tienes otras cosas en qué pensar y nunca te lo has preguntado, todo es posible, pero el caso es que si las entrevistas fueran como la siguiente, saldríamos corriendo al ver a la fallera mayor de Valencia y compañía.

 

JURADO – Buenos días tenga usted.

CANDIDATA – Buenos días tenga yo.

J  – Siéntase a gusto, por favor.

C – Me siento a gusto en la silla, gracias.

J  – ¿Puedo hacerle una pregunta, señorita?

C – Pregunte, pregunte usted.

J – ¿Quién es usted? ¿Qué hace aquí? ¿De dónde viene? ¿Qué quiere ser?

C – Me había dicho una pregunta, no cuatro.

J – Ya lo sé, pero la pregunta lleva suplementos, como mis periódicos. Me llamo Domingo, ¿sabe? Venga, conteste y no se ande por las ramas.

C – Señor, yo no soy un mono para andarme por las ramas. Soy una fallera preseleccionada que quiere ser fallera mayor de Valencia.

J – Sí, ya, como todas. ¿Y por qué usted, y no yo?

C – Porque usted es un señor y yo una señorita.

J – Tiene razón. O no, pero eso es otro tema. ¿Y por qué quiere ser fallera mayor y no capitán de buque mercante, por ejemplo?

C – Porque la peineta me queda mejor que el gorro de marinero, y además el barco marea, marea, como decía Chikiliquatre.

J – Ya, ya. Eso es una excusa, porque le pasa en realidad es que usted no tiene algo tan básico como el carnet de conducir buques mercantes. ¿Y qué sabe hacer?

C – Pues mire: sé desfilar a la pata coja, hacerme los moños a mí misma y con los ojos vendados, cocinar una paella mixta de jamón y queso para chuparse los dedos de los pies, hablar por la tele mejor que Belén Esteban, y además estoy muy buena.

J – Eso de que está buena lo tengo que comprobar. A ver, déjeme probar su oreja izquierda con salsa boloñesa.

C – Lo siento, no puedo, no he estado nunca en Bolonia.

J – ¿Y en Polonia?

C – Tampoco. En Aranjuez sí estuve una vez que me entraron cagaleras de camino a Soria.

J – Claro, todo me cuadra: ¡Camino a Soria! ¡Usted canta en el grupo Gabinete Cagalera!

C – Hombre, yo como mucho canto rodado y canto en los dientes, pero nada más. Canto monta, monta canto. 

J – ¡Venga, no me distraiga, que es usted muy pillina! Sigamos. ¿Qué experiencia tiene como fallera mayor de Valencia?

C – Mire usted, soy fallera hace unos doscientos cincuenta y siete años con tres meses, mayor de treinta y cinco hermanas gemelas y de Valencia porque nací en la puerta de una barraca de la huerta murciana.

J – Vale, no está mal. ¿Y puede permitirse estar un año sin trabajar?

C – Claro, me dedico a la política.

J – Estupendo. Entonces, ¿conoce a la alcaldesa de Valencia?

C – No me conozco ni a mí misma. He cambiado tanto que cuando me cruzo conmigo misma por la calle ni me saludo porque no me conozco.

J – No saludar es de mala educación. ¡Un punto menos!

C – Oiga, no ofenda, que yo tengo mucha educación: soy Licenciada en Filosofía y Letras Góticas, Ingeniero en Obras Púbicas, Doctora en Callos y Patas de Gallo y hablo quinientos setenta y siete idiomas.

J – Pues cánteme algo en latín.

C – No puedo, porque es una lengua muerta y la mía está completamente viva.

J – Dejémoslo. No tengo claro que puede valer para la corte de honor.

C – Ay no, que eso me da mucho corte.

J – Ya le avisaremos para decirle que sí o que no. En caso de no ser seleccionada, guardaremos su candidatura para las cortes de honor de otros años. ¿Le haría ilusión pertenecer a la de 2090?

C – Pues casi que no, porque seguro que me habré muerto.

J – Vale, pues ya le llamaré mientras esté viva. Hasta luego.

C – Dios le guarde a Vd. muchos años, y si es en la nevera, más años todavía le podrá guardar.

 

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