Pedro Cabanes-Juan XXIII fue asociación de bebé

Una metamorfosis sin capullo (aunque siempre hay alguno en todas las comisiones falleras) se dio en la Falla Pedro Cabanes-Juan XXIII: cuando nació fue asociación, y luego se transformó en comisión fallera. Esta y otras anécdotas de su historia se contaron el jueves pasado en una tertulia, en una tarde en que también se presentaron los actos del 25º aniversario.

Nostalgia y recuerdos divertidos (y no tan divertidos) surgieron de la charla sobre la historia de la Falla Pedro Cabanes-Juan XXIII que tuvo lugar el jueves 5 de julio en el casal de esta comisión, en una tarde en que también se anunciaron los principales actos en homenaje a los 25 años de existencia de esta comisión fallera.

Una semana cultural dedicada al aniversario y una gala recordarán esta efeméride tan señalada, por la cual la comisión celebró un coloquio sobre su historia justamente el día que se aprobó su constitución como comisión fallera, el 5 de julio, pero 25 años después. Una charla en la que los protagonistas de su fundación recordaron los duros principios, «captando» niños (y sus familias) a través del kiosko de uno de los fundadores para dar fiesta a una zona recientemente urbanizada en la que no había actividad fallera. Los comienzos no fueron fáciles, ya que al principio formaron la Asociación Juan XXIII, que realizaba los mismos actos que cualquier comisión fallera (mascletà, plantar falla, etc.) porque Junta Central Fallera no les permitía la fundación como falla por falta de demarcación. Las comisiones vecinas pusieron problemas para cederle tramos de calle (la zona empezaba a urbanizarse en aquellos años), y año tras año se denegaba la solicitud por el mismo motivo. Así estuvieron seis años en lo que llegaron a ser unos 300 falleros que tenían que participar en la Ofrenda de Flores con la Falla de La Fonteta, hasta que en el año 1993 y tras hablar el presidente de la asociación en la asamblea de presidentes (aun sin ser presidente de falla) de los motivos para ser una más, se autorizó con el nombre de Pedro Cabanes-Camino de Moncada. Una historia llena de anécdotas, de buenos momentos y de algún que otro disgusto que se recordará a lo largo de este ejercicio.

 

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