¿Por qué se llaman “fallas”?


La palabra valenciana falla deriva del latín facula, que significa “antorcha”. Por tanto, tiene el mismo origen etimológico que la palabra castellana “hacha”. Precisamente el significado originario de falla fue precisamente “antorcha”, pero con el paso de los siglos ha ido evolucionando hasta dar nombre a las fiestas de San José que se celebran en Valencia y otras localidades.

El vocablo pasó del idioma valenciano al castellano sin variación alguna, aunque su plural, que designa actualmente al conjunto de dicha fiesta, sí es diferente en ambos idiomas (Falles en valenciano y Fallas en castellano) por la manera de hacer el plural que tiene uno y otro.


Significados de la palabra ‘falla’ a lo largo de la Historia

Antorcha
Una falla, primitivamente, era simplemente una antorcha utilizada para alumbrar. Sin embargo, también se encendían antorchas en momentos de alegría o fiesta, por lo que el significado festivo de la palabra parece que ha estado presente en ella desde el principio. Con este sentido se puede encontrar en algunos textos valencianos del siglo XIII. Todavía hay lugares donde se llama falla a las antorchas, como en la localidad de Agullent y en la Alta Ribagorça (Pirineo de Lleida), donde las fiestas se basan en estos objetos.

Fogata
En el siglo XVI, la palabra falla pasó a denominar al fuego que se hacía en el suelo como centro de una reunión o de una fiesta. También se llamaba así a las fogatas que se encendían en días especiales, ya sean cambios de estación o dedicados a un santo (los casos de San José, San Antonio y San Juan), y las que servían para anunciar o celebrar una batalla ganada. Sin salir del sentido de aviso que tenía el fuego, eran también fallas las hogueras usadas como medio de comunicación para avisar de la llegada de invasores, por ejemplo. De esta clase era la antigua falla del Micalet de Valencia.

Hoguera de trastos viejos
Las rudimentarias fogatas festivas pasaron a hacerse con muebles y otros trastos inservibles que se quemaban en días señalados, como se sigue haciendo actualmente en San Antonio y San Juan en algunas localidades. En esta palabra, pues, perdura el sentido de festividad, habiéndose perdido prácticamente su originario significado instrumental (objeto para alumbrar o comunicarse).

Monigotes satíricos que se queman
En el siglo XVIII se empieza a ver en algunas localidades valencianas la costumbre de quemar ninots o muñecos, los cuales representan personajes que se pretenden censurar o criticar. A estas hogueras evolucionadas también se las llamaba fallas.

Monumento artístico construido para quemarse
Cuando apareció en Valencia el catafalco satírico y artístico que se pone en la calle para quemarse en la víspera de San José (posteriormente se quemaría la noche de ese mismo día), también tomó el nombre de falla. Dado que había un gran número de estos monumentos en la ciudad, la festividad se denominó con el plural de esta palabra, Falles, o con la locución Les Falles de Sant Josep, al considerarse en honor de este santo. En castellano, la fiesta se llamó Fallas.

Comisión festera encargada del monumento artístico
El monumento acabó dando nombre al grupo de vecinos de un barrio que se encargaba de gestionar o realizar su construcción. Por eso actualmente a una comisión fallera se le llama también falla. Su plural Falles también ha extendido su significado con el tiempo, englobando a todo lo que tiene que ver con la fiesta como fenómeno social y festivo: Junta Central Fallera, artistas falleros, comisiones, pirotecnia, actos, etc.