Mundo de preselecciones
Cuando llega julio, es tiempo de tomar el sol, de tomar algo en una terracita de la playa donde te clavan una pasta por una Coca-Cola, de alegría para los abueletes que disfrutan viendo a las jovencitas con poca ropa, de feria (Feria de Julio, ¿cuál va ser?), y de preselecciones para los falleros, por supuesto. ¿Que no sabes qué son las preselecciones? Pues son como los castings de Operación Triunfo, pero sin gorgoritos y con peinetas, y sirven para elegir a la fallera mayor de Valencia a base de eliminatorias.
Los que hemos ido a muchas preselecciones sabemos que en todas ellas hay unos personajes que no suelen faltar (siempre hay excepciones, claro). Sin ellos, el acto no sería el mismo, ¿o no? Ahí va la relación de todos ellos.
Una costumbre de los presentadores de las preselecciones, y en general en cualquier acto donde haya una mujer o una niña vestida de fallera, es llamar a todas las candidatas guapísimas, simpáticas, preciosas, bonicas, a pesar de que haya alguna que sea más fea que pegar a un padre. Ellas, naturalmente, encantadas y con una sonrisa Profidén que no se la salta un gitano, pero siempre hay alguien del público que comenta: “Ese tío, o es un pelota, o tendría que irse a vender cupones.”
Hay dos versiones, señorita y niña, y en ambos casos se trata de una persona que confía en pasar la prueba gracias a su simpatía y belleza, o en su defecto al amigo de una amiga que tiene un vecino que tiene un sobrino que juega al fútbol con alguien de Junta Central Fallera. Su rasgo característico es que sonríen mucho, aunque les pegues un pisotón con tacones, y que desfilan que da gusto.
Se trata de la señorita o niña que es candidata a fallera mayor de Valencia porque no había otra en la falla, y tiene seguro que no pasa la preselección ni de coña. No es tan sonriente como la candidata ilusionada, sino más bien seria porque va menos motivada que un feo a una cita a ciegas. Su comisión fallera ha asumido que lo tiene difícil, así que si no pasa la eliminatoria, tampoco se van a echar a llorar. Ahora, si suena la flauta y la preseleccionan, montan una fiesta en el casal que ni las de la Gunilla en Marbella.
Los periodistas de los desparecidos programas de la tele Tómbola o Salsa Rosa son monjitas de la caridad comparados con ellos. Se trata de las personas del público que, en grupitos en plan periodistas de programa del corazón, comentan todos los detalles de las candidatas que aparecen por el escenario. Las frases que suelen decir son del estilo de: “vaya traje más horrible”, “aquella tiene un ojo a la virulé”, “esa seguro que está enchufada”, “cómo se atreve a presentarse la del 5″, “menudo culo le hace el traje a la del 3″… ¿Qué sería de una preselección sin los marujeos?
Los familiares y/o amigos supercontentos
Se trata de personas que gritan como si tuvieran chinchetas en la silla cuando dicen qué candidatas han superado la preselección. Naturalmente, están tan emocionados porque su hija, sobrina o amiga pasa a la final y puede llegar a ser fallera mayor de Valencia. Si consigue serlo, sus padres volverán a gritar, pero esta vez del susto, cuando vean la pasta que les va a costar la broma.
Los familiares y/o amigos que echan chispas
Se trata de público de la preselección que, sin necesidad de haber pasado por la fase de comentarista criticón, se pone hecho una fiera porque su candidata favorita no ha sido seleccionada y suelta por su boca más que Ana Obregón perseguida por un ejército de periodistas. Normalmente ponen de hoja de perejil a las chicas que sí han superado la prueba, y de rebote al jurado. Es una locura fallera transitoria, pues después todo el mundo adora a la fallera mayor de Valencia que se elige al final. Así somos los falleros, mira…
El miembro del jurado incorrupto
A pesar de los rumores de enchufe que siempre hay en estos actos, siempre hay miembros del jurado que son absolutamente imparciales y que votan con la máxima garantía, a pesar de que misteriosamente, quizás por un caso de Poltergeist, haya aparecido un jamón de pata negra en su casa con una tarjetita indicando el nombre de una candidata.
El miembro del jurado despistado
Es aquella persona que han nombrado para jurado de preselección, siendo la primera vez que se mete en esos fregados, y no tiene ni idea de cómo puntuar a las chicas, pues todas le parecen iguales vestidas de fallera. Algunos intentan valorar a cada candidata por métodos científicos como la altura de la peineta, la proporción entre el tamaño del moño y el de la nariz o el nivel de brillo de la mantilla combinado al de la joia, mientras que otros prefieren parámetros más de andar por casa como lo que se parezca su cara a la de Angelina Jolie, el movimiento del culo al andar o la longitud del canalillo (en caso de enseñarlo, claro). Pero tranquilos, que de estos hay pocos.




