Motivos para no ser de especial


Muchos falleros ven su monumento fallero, y sueñan con que un día se haga tan grande que sea de la sección especial. Es una eterna ilusión que la comisión sea conocida fuera de su barrio y que incluso venga la televisión a grabar el monumento que desde que se planta, ya que hasta ahora sólo lo ven los vecinos y algún despistado que se pierde. Pero, ¿por qué tantas ganas de llegar a la sección especial algún día? Casi nadie sabe que no todo es tan bonito como parece, y si no, veamos algunos ejemplos de inconvenientes que tiene ser una falla “especial”.

Este artículo se publicó con el título “Motivos para no ser una falla de especial” en el llibret de la FFSE (Federación de Fallas de la Sección Especial) el 13/03/2003, el cual apareció como encarte en el diario Levante-EMV.

 

Hay que sacar dinero de debajo de las piedras

Las cuotas de los falleros no llegan ni para pipas en una falla de especial. El monumento es como una amante pija: no hace más que pedir dinero y parece que nunca está satisfecha. Por eso, a muchas comisiones de esta categoría les toca enviar contrarreembolso lotería a todo bicho viviente; incluso serían capaces de encontrar a Bin Laden antes que Bush para que les comprara un buen taco de papeletas con su fortunón. Otra solución son los buenos patrocinadores, que algunas fallas los encontraron en la cerveza, lo que no significa que haya que emborracharse para inspirarse buscándolos: sin beber ni un solo quinto, un buen día a unos falleros se les apareció un santo con fondos que les vinieron como caídos del cielo (San Miguel, en concreto). En caso de no funcionar ninguna de esas fuentes de euros, se puede intentar como último recurso que el presidente se presente al casting de Gran Hermano o, si sabe hacer gorgoritos, al de Operación Triunfo, para intentar ganar el primer premio del concurso.

 

¡Vaya disgusto si no te llevas premio!

Todos los años le pasa a muchas comisiones de especial: se encarga un monumento que cuesta un ojo de la cara, se mantiene en secreto cual resultado de los Oscar hasta el día de la presentación de maquetas, se aparece hasta en la sopa con él diciendo lo chulo que es… y llegan Fallas y ni se huele el primer premio, que es el que buscan casi todas. Automáticamente, la comisión coge una decepción de narices y por mucho que proteste a Junta Central Fallera se queda igual. ¿Para qué correr el riesgo de tener este disgusto? Siendo el monumento de una sección baja no pasa eso, porque si no te comes un rosco no se entera ni Dios, y a muchos falleros le da igual siempre que haya fiesta en el casal.

 

A veces te ponen a parir

Si eres presidente y quieres que tu falla sea de la sección especial, prepárate a sentirte como Sara Montiel o Marujita Díaz (aunque seguramente muchíiiisimo más joven): cualquier cosa que digas o hagas puede hacer que la opinión pública te critique. Y es que las comisiones de esa categoría son muy famosas y claro, el precio de la fama es ese: todo el mundo habla de ellas, y a veces hasta bien. ¿Para qué pasar por esto? Siendo una falla anónima nadie se mete contigo, excepto los vecinos si armas mucho ruido en el casal.

 

¡No se puede ser moderno!

Cuando una falla modesta plantea un monumento con una estética vanguardista, la prensa se vuelca con ella y la alaba porque no es algo muy normal. Pero, ¡ay si es una falla de especial la que planta algo que no es clásico! Llegan los jurados que otorgan los premios, la miran pasmados y después apuntan una escasa puntuación mientras se santiguan. Total, que no te cae un primer premio en sueños, y es que el espíritu del barroquismo sobrevolará Junta Central Fallera hasta que alguien mande un exorcista. Además, como todas las fallas de la sección tienen toda la pinta de clásica, te miran como un bicho raro y hasta algunos dicen la típica frase al ver una cosa plantada que no se parece a lo de toda la vida: “¡Açò no és una falla!”

 

La plantà es eterna

Los camiones enormes que circulan por Valencia a principios de marzo no llevan el escenario del concierto de Operación Triunfo, sino las piezas de los monumentos de especial. Son tan grandes que han de cargarse en tochos de vehículos y necesitan empezar la plantà mucho antes que las demás fallas, exhibiéndose en la calle durante días las piezas del remate enfundadas en un plástico a modo de preservativo (de la lluvia, se entiende). Eso supone, claro, mucha faena y el infarto de los pocos falleros que suelen colaborar en el montaje del monumento. ¿Para qué meterse en problemas, si una falla pequeña se monta en sólo la noche del 15 de marzo?

 

…y la cremà un follón

¡Qué maravilla es eso de quemar tu falla ante la mirada de los falleros y los vecinos del barrio, con total libertad en la manera y en la hora de hacerlo! Olvídate de esto si subes a especial, porque aparte de los espectadores que viven por la zona, tendrás público venido de todos los rincones del planeta capaz de apretujarse y acostarse a las tantas de la madrugada para ver cómo se quema tu monumento. Además, si te toca hacer espacio para las cámaras de televisión y los bomberos, peor todavía, máxime porque la propia falla al ser tan gigante deja a su alrededor el espacio justo para cuatro falleros y el pirotécnico. ¡Y nada de quemarla a las doce y a la una y media a dormir, que el día 20 de marzo es laborable! No creo que los falleros se acuesten antes de las tres entre unas cosas y otras, así que si ves a alguien con cuernos y rabo aparecer entre el fuego no te extrañes: la cremà puede convertirse en un infierno.