Las Fallas de la riada


Los días 13 y 14 de octubre de 1957, el río Turia se desbordó a su paso por Valencia e inundó la ciudad, provocando cuantiosos daños materiales en tres cuartas partes de la ciudad, 99 muertos (según cifras oficiales, aunque se estima que fueron el doble) y miles de damnificados. Fue tan grande la tragedia que ha quedado marcada con fuerza en la memoria colectiva de los valencianos, así como en la fisonomía de la ciudad, que fue duramente afectada y que motivó el desvío del cauce del río para evitar que volviera a pasar nunca más. Ahora bien, ¿la riada hizo que no hubiera fallas en 1958?

Riada de Valencia en 1957

A punto estuvo de no haberlas, ya que Valencia quedó sumida en un caos y las zonas con mayor densidad de fallas como el centro histórico (a excepción de los alrededores de la catedral, que no se inundaron), el barrio de Exposición, la Gran Vía o los Poblados Marítimos, fueron las más castigadas. Numerosos casales, los locales sociales de los falleros, quedaron destrozados y con ellos la lotería que servía para ayudar a financiar las fallas; además, muchos falleros estaban desaparecidos o con otras preocupaciones más importantes. Por otro lado, también sufrieron cuantiosos daños una buena cantidad de talleres falleros, que se situaban por aquel entonces dentro de la ciudad. Además, el arzobispo de Valencia, Marcelino Olaechea, no veía con buenos ojos celebrar las fiestas falleras en 1958; primero, porque caían en plena Cuaresma (argumento que ya daba desde 1951, cuando empezó la coincidencia y propuso el traslado al 1 de mayo, día de San José Artesano); y segundo, en señal de duelo por las víctimas de la riada. Sin embargo, una Junta General Extraordinaria de presidentes de falla el 7 de noviembre de 1957 despejó las dudas: en una asamblea donde asistieron las 130 comisiones falleras que existían entonces, 123 votos a favor frente a 5 en contra y 2 abstenciones determinaron que sí habría fiesta fallera en 1958. Su potencial económico y turístico, su poder de animar a los valencianos ante las adversidades, así como su uso por parte del franquismo como imagen del resurgir de Valencia gracias a España, sumaron puntos para ello.

Martí Dominguez, en la exaltación de la fallera mayor de Valencia de 1958.

Martí Dominguez, en la exaltación de la fallera mayor de Valencia de 1958.

Y en efecto, hubo Fallas, pero muy especiales, ya que giraron en torno a la premisa de ser “Las Fallas de la Gratitud”, es decir, una manera de agradecer a España la ayuda recibida tras la riada. Y en base a esta idea, la fallera mayor de Valencia de 1958, Encarnación Amorós Lluch, tuvo una corte de honor formada por una señorita de cada región española. Sin embargo, en el acto de su exaltación hubo una nota discordante con ese agradecimiento, ya que su mantenedor, Martí Domínguez, el entonces director del diario Las Provincias, pronunció el famoso discurso “Cuando enmudecen los hombres, hablan las piedras” donde denunciaba la poca ayuda que recibía Valencia del gobierno hasta ese momento y la ineficacia del reparto de la ayuda a los damnificados. Ello le costó el puesto, ya que le obligaron a dimitir reduciéndole la cuota de papel para su periódico.

Por otro lado, el monumento que se plantaba enfrente del Ayuntamiento de Valencia, entonces perteneciente a la comisión de El Foc, tuvo por lema Valencia agradecida y representó a una Valencia caída, elevada por una matrona que era España y socorrida por figuras que representaban las diferentes regiones. El ayuntamiento eligió al artista fallero Juan Huerta para realizarla, e incluso le prestaron un local municipal para construirla porque su taller había padecido las consecuencias de la riada.

Falla El Foc de 1958.

Falla El Foc de 1958.

 

Pero ahí no acabó la cosa, ya que algunos actos falleros estuvieron muy impregnados de esas ganas de dar las gracias a España, como la Crida y, sobre todo, la Cabalgata de Exaltación Nacional que sustituyó a la Cabalgata del Ninot y en la que aparecían falleros representando a las regiones de España. También la Ofrenda de Flores fue especial, ya que fue la más emotiva hasta el momento y contó con 15.000 participantes entre las que estaba la actriz Carmen Sevilla, que pasó invitada por la comisión So Nelo por su ayuda a recaudar fondos para los afectados por la riada. Pero además, el programa oficial de festejos se salpicó de actos benéficos como visitas al Cotolengo del Padre Alegre y el reparto de cena a los pobres acogidos por la Asociación Valenciana de la Caridad.

Escena de la Cabalgata de Exaltación Nacional de 1958.

Escena de la Cabalgata de Exaltación Nacional de 1958.

Carmen Sevilla en la Ofrenda de 1958.

Carmen Sevilla en la Ofrenda de 1958.

 

Ahora bien, de las fallas que se plantaron en marzo de 1958 hubieron muy pocas que recordaron la catástrofe que inundó Valencia, y las que lo hicieron solamente agradecían la ayuda recibida. Es el caso de la falla de Plaza del Ángel, de San Vicente-Falangista Esteve (ahora San Vicente-Periodista Azzzati), Cervantes-Padre Jofré y Doctor Olóriz-Fabián y Bueno. En el siguiente No-Do pueden verse algunos de los monumentos plantados ese año:

A pesar de ser un año tan duro para los falleros, las fallas plantadas lucieron su esplendor como si nada hubiera pasado. Como muestra está la de Convento Jerusalén, del artista Regino Mas y con el lema Sobre rodes, que ganó el primer premio de la sección especial:

Falla Convento Jerusalén, 1958.

Falla Convento Jerusalén, 1958.

 

Para saber más: Un riu de records. Falla Na Jordana, 2008.