La fallera mayor infantil de Valencia huérfana


En una época en que las falleras mayores de Valencia eran de la alta sociedad (como demuestra que algunas tenían nombres muy largos y rimbombantes), hubo una fallera mayor infantil de origen muy humilde, una huérfana de la Casa de la Beneficiencia. Fue Lolita Alfonso, quien ostentó el cargo en 1961 sucediendo nada más y nada menos que a Carmen Martínez-Bordiú, la nieta del entonces jefe del Estado Francisco Franco.

Lolita Alfonso, fallera mayor infantil de Valencia de 1961

El hecho de que en 1960 la fallera mayor infantil de Valencia fuera la nieta de Franco sirvió para darle promoción nacional a la fiesta, además de otros beneficios no falleros para la ciudad como conseguir que el gobierno realizara el Plan Sur para evitar futuras riadas. Sin embargo, también identificó las Fallas con el poder y con las clases altas, haciéndoles disminuir el carácter popular que han tenido desde que aparecieron. Por este motivo, el alcalde de Valencia de aquel entonces, Adolfo Rincón de Arellano, buscó para el año siguiente una niña de origen humilde, lo que también serviría para dar la imagen de que cualquiera podía ser fallera mayor infantil de Valencia sea cual sea su origen social.

La elegida fue Lolita Alfonso, una huérfana residente en el asilo de la Beneficiencia de ocho años de edad y natural de Silla. A los pocos meses de ingresar en la institución y estando convaleciente de una leve enfermedad, el presidente del patronato y la directora le comunicaron el nombramiento. Para ella fue una gran alegría en una mala época de su vida, ya que con cinco años perdió a su madre y hacía unos meses a su padre, quedándose huérfanos ella y sus cinco hermanos, lo que junto a la mala situación económica familiar obligó a su tía a ingresar a los más pequeños en orfanatos. De esta manera se convirtió en la compañera de la fallera mayor de Valencia, María Victoria Lamo de Espinosa y Michels de Champourcin, de cuyo largo nombre ya se deduce que su origen no era precisamente humilde. No obstante, en la corte de honor infantil se quiso incluir tanto a la alta sociedad (en ella estaban las hijas del alcalde, del gobernador civil, del presidente de la Diputación de Valencia, de aristócratas y de grandes empresarios, como era habitual) como niñas de orígenes más modestos, incluyendo la hermana pequeña de Lolita, Nina, que también residía en la Beneficiencia.

Lolita Alfonso con el delegado de infantiles de JCF, Gustavo Juan Bielsa.

Lolita Alfonso, FMIV 1961, con el delegado de infantiles de JCF.

La noticia del nombramiento de Lolita fue recibida con gran alegría por la prensa y los valencianos, convirtiéndose esta hasta entonces anónima niña en una celebridad seguida por la prensa. El público le dio su cariño durante su reinado, pero además recibió una gran ayuda económica para sus estudios. La propia fallera mayor infantil saliente, Carmen Martínez Bordiú, le entregó una cartilla con 30.000 pesetas (unos 180 euros) con ese objetivo, al igual que instituciones como el Valencia C.F. (que le donó 15.000 pesetas, 90 euros de los actuales), el Ateneo Mercantil y algunos bancos, además de la Diputación de Valencia, organismo del dependía la Beneficiencia. Por cierto que fue la propia nieta de Franco quien le impuso la banda de fallera mayor infantil durante su presentación, rompiendo la norma de que lo hiciera el alcalde.

Lo primero que tuvo que hacer Lolita Alfonso una vez notificado el cargo, fue curiosamente informarse bien de lo que eran las Fallas. En efecto, nunca la había visto esta fiesta (en Silla aún no se celebraba), así que tuvieron que mostrárselo a través del No-Do, el noticiario cinematográfico oficial del régimen. También le enseñaron modales y a firmar dedicatorias, como preparación para un año que fue muy feliz para ella y en el que hubo acontecimientos como la llegada del primer barco fallero, que trajo 355 emigrantes valencianos desde Argentina, Brasil, Chile y Uruguay.

A esta niña huérfana la vida le cambió completamente, y sin saberse la razón porque el motivo de haber sido ella la elegida sigue siendo un misterio. Al año de acabar el reinado, sus hermanos la sacaron de la Beneficiencia y pasó a ser alumna de las Madres Escolapias, para después estudiar secretariado en el Instituto Social de la Mujer. Y el mundo fallero no la ha olvidado, ya que en 1971 fue una componente de la corte de honor de la fallera mayor de Valencia, Lourdes Pascual Navarro, en 2011 recibió dos homenajes, uno en su Silla natal y otro de la Falla Na Jordana, además de participar en 2014 en el encuentro de falleras mayores realizado dentro del 75º aniversario de Junta Central Fallera y en una charla organizada por la Falla Pedro Cabanes-Juan XXIII.

 

Guardar

Guardar

Guardar

Guardar

Guardar

Guardar

Guardar

Guardar