Historia del traje de fallera (y de fallero)


El término “traje de fallera” o “traje de fallero” es utilizado muchas veces impropiamente, ya que lo más correcto es decir “indumentaria tradicional valenciana”. No obstante, en este artículo es más apropiado porque se hablará concretamente de cómo han vestido los falleros y falleras (y los grupos vecinales que fueron su embrión) a lo largo de la historia, algo que no siempre han hecho con ropa tradicional.

En efecto, cuando las Fallas empezaron su existencia (que se sepa desde el siglo XVIII) eran un simple festejo de la víspera de San José que organizaban grupos improvisados de vecinos. Éstos, que solían ser hombres, iban vestidos como cualquier otro día dado el mencionado carácter accidental de la tradición y su aún escasa importancia en la sociedad valenciana. Y sin traje “fallero” siguieron hasta los años 1920, en que por fin la mujer tiene un papel visible en la fiesta fallera, aunque fuera solamente honorífico.

Pepita Samper, primera Miss España (1929) y precedente de las falleras mayores de Valencia. [foto: Todocoleccion.net]

El año 1929 supuso un punto de inflexión de la fiesta ya que, por primera vez, una mujer tenía el papel de representar las Fallas de Valencia. Fue Pepita Samper, la primera miss España (“señorita España” se decía entonces), la que realizó las funciones de las actuales falleras mayores de Valencia al ser valenciana. Para ello se vistió con un “traje de labradora valenciana”, convirtiéndose en la primera persona de la fiesta que llevaba una indumentaria específica para la misma. Dicho vestido, que por cierto aún se conserva en el Museo de la Ciudad de Valencia, fue la base de muchos otros que utilizaron las falleras.

En efecto, la aparición del cargo honorífico para las mujeres en las Fallas (llamada reina fallera en 1931, belleza fallera en 1932 y fallera mayor de Valencia desde 1933) supuso la necesidad de implantar una indumentaria específica para ellas, que fue ese traje inspirado en el utilizado por las labradoras valencianas. Las primeras representantes de las Fallas de Valencia también utilizaban el “traje de miss” (uno elegante y contemporáneo) en actos oficiales, lo que no es de extrañar porque el propio cargo es un cruce entre la figura de miss y la de reina de Jocs Florals; ello ocasionó la vacilación entre la imagen de una y otra.

No obstante, el moderno traje de miss desapareció pronto de las reinas falleras quedando el “tradicional”, el cual empezó a usarse por el resto de falleras, en especial desde los años 1940 por la generalización del cargo de fallera mayor (y sus actos asociados, como la exaltación) y la aparición de actos multitudinarios como la Ofrenda de Flores a la Virgen de los Desamparados (1945) o la Crida (que aunque existía de antes, toma su fisonomía actual en 1954, primer año en que se realiza desde las Torres de Serranos). El traje, aunque inspirado en el tradicional de la huerta valenciana, estaba condicionado más por estereotipos y la moda de cada momento,  que por seguir la tradición. Y aún así fue el icono habitual en carteles festivos como los de la Feria de Julio y las Fiestas de Mayo, donde se buscaba una imagen localista y folklórica.

Falleros y falleras de Bolsería-Tros Alt (1958) [foto: “Bolsería – Tros-Alt 1858-2008”]

Y mientras la mujer tenía su traje “de fallera”, el fallero seguía usando uno de calle, que en actos oficiales solía ser el de chaqueta y corbata. Los tradicionales de saragüell y torrentí sólo se utilizaban en contadas ocasiones como las cabalgatas, por lo que no se podía hablar de indumentaria masculina para la fiesta. No fue hasta 1954 cuando apareció un “traje de fallero”, inventado por Junta Central Fallera como una especie de uniforme negro y que entonces fue llamado “traje de labrador de gala”. Era una especie de transformación de piezas tradicionales: chaqueta corta de raso negra, camisa blanca, faja de color (el color dependía del cargo del fallero) de la que colgaba un sombrero de red con borlas, pantalones largos negros y espardenyes. Al principio sólo lo utilizaban los miembros de Junta Central Fallera y escasamente entre los falleros, a pesar de que se hizo oficial en el Congreso Fallero de 1958. Pero a partir de 1964, en que otro Congreso Fallero lo exigió para la Ofrenda de Flores y poco a poco se fue haciendo obligatorio para otros actos, no tuvo más remedio que generalizarse. En todo ese tiempo desde que se creó el traje de fallero, llamado popularmente “de cucaracha”, fue evolucionando cambiando el calzado por zapatos normales, la faja por un fajín con borlas y añadiendo una chorrera a la camisa. Se hizo así más asequible de lo que ya por sí era, facilitando que los falleros lo pudieran adquirir en una época donde la economía doméstica aún era débil.

Falleros con el traje negro (1999).

Así pues nos encontramos con que en los años 1960, falleros y falleras tienen su “uniforme”. Con ello, el franquismo pretendía supuestamente ocultar las clases sociales y mostrar iguales a todos los participantes de la fiesta, algo que también se hizo en otras celebraciones españolas. Fue también la época en que España vivió un boom económico en el que era más importante lo moderno que lo antiguo, lo que transformó el traje de labradora haciéndolo menos tradicional, pasando a llamarse “traje de fallera” entre el colectivo de la fiesta. Esta indumentaria, además, fue la imagen de la fiesta para los turistas en muñecos y postales.

No obstante, la tendencia en indumentaria empezó a cambiar pronto. Ya casi entrando en los años setenta empezaron a haber falleros y falleros que rechazaban los trajes oficiales, queriendo recuperar los tradicionales. Comisiones vanguardistas como Arrancapins o la desaparecida King Kong sufrieron sanciones de Junta Central Fallera por no vestir según la normativa, e incluso fueron descalificadas por muchos falleros. Sin embargo, con el tiempo se ha ido valorando más la indumentaria tradicional y el traje negro de fallero se fue abandonando poco a poco entre los hombres, imponiéndose los de saragüell y de torrentí. Ahora bien, también surgió un nuevo “traje de fallero” com pantalón largo de rallas y chaleco que, aunque algo más basado en la tradición que el negro, no dejaba de ser una invención actual.

De camino a la Ofrenda de Flores de 2011.

Por su parte, las falleras se empezaron a preocupar más por ser fieles a los trajes del siglo XVIII o del XIX, pero las modas y los intereses comerciales muchas veces desvirtúan esta intención. Por ejemplo, en aquellos siglos no se utilizaban escotes generosos, ni lentejuelas, ni faldas tan cortas como las que se estilaban en los años 60, ni con tanto vuelo como se ve en la actualidad. En el siglo XVIII se llevaba un solo moño -costumbre que quiso recuperar Junta Central Fallera y que no tuvo éxito-, un cuerpo ajustado y una falda con vuelo natural, mientras que en el XIX el vestido era sencillo, sobrio y con toquilla. Es decir, que las falleras no siempre visten fieles a los modelos antiguos; no obstante, hoy en día hay indumentaristas que además son estudiosos de la vestimenta antigua valenciana, y recomiendan lo que consideran que es correcto según los datos históricos (aunque luego que lo quiera así el cliente es otra cosa).

Ofrenda 2017.

 

Para saber más:

VV.AA. Inventant la tradició. Indumentària i identitat. Diputació de València, 2016.

VV.AA. Historia de las Fallas. Levante-EMV, 1990.