A tortazo limpio por las fallas


En el siglo XIX, las Fallas no eran la super-mega-fiesta que son actualmente, sino la diversión de unos colegas del barrio que querían quemar unos monigotes la víspera de San José (sí, la víspera, porque hasta 1892 no se empezaron a quemar todas las fallas la noche del 19 de marzo). Sin embargo, a pesar de parecer tan poca cosa en aquella época, esta costumbre tocaba las narices a más de uno, sobre todo si este uno sospechaba que era el protagonista de la falla. Broncas monumentales, fallas desmontadas e incluso destrozadas, agresiones a falleros, disparos y detenciones, son la consecuencia del cabreo de algunas personas del siglo XIX que en ocasiones no vieron divertida la sátira fallera, sino más bien todo lo contrario.

Falla Carabasses-En Gall, 1889. Una de las dos fotos más antiguas de fallas (la otra es del mismo año).

Falla Carabasses-En Gall, 1889. Una de las dos fotos más antiguas de fallas (la otra es del mismo año).

El primer desmadre conocido provocado por una falla ocurrió en 1854. La falla de la calle San Narciso de Valencia representaba un embrollo familiar con un marido, su mujer y su suegra. No han llegado más detalles del argumento a nuestros días, pero parece que a un vecino no le hizo mucha gracia porque pensó que se estaban metiendo con él (no se sabe si con razón o sin ella) y armó un buen follón poco antes de la cremà. Años más tarde, concretamente en 1888, los falleros de la plaza del Esparto plantaron un monumento dedicado a una asociación llamada Fum-Club, y tres miembros destacados de ésta los denunciaron porque se sintieron ofendidos por la falla. Como si del Interviú con los príncipes de Asturias en portada se tratara, el juez secuestró el llibret,  y además arrancó carteles explicativos de la falla. Los periódicos en este caso no hablan de peleas ni de tortazos afortunadamente, pero el autor del monumento llegó a ser procesado.

Dos años después, en 1890, un grupo de jóvenes se empeñó en hacer desaparecer una falla sin quemarla. Se trató de la plantada en la calle Pascual y Genís, la cual destrozaron unas veinte personas a pesar de estar custodiada por seis policías municipales. El motivo de semejante salvajada fue que el monumento parodiaba a los chicos a los que se les caía la baba con la opereta italiana Tomba, o más concretamente con sus bailarinas, que actuaban por aquellas fechas en el Teatro Principal. Quienes también se enfadaron bastante por culpa de una falla fueron dos hermanas que en 1893, creyéndose representadas por dos ninots del monumento de la plaza de San Bartolomé, fueron a la casa donde se guardan dichas figuras junto a otra masculina y las rompieron a golpes, llegando a agredir hasta a la dueña de la vivienda. Se montó tal lío que tuvo que intervenir la policía municipal y el juzgado de guardia, pero de todo esto los falleros sacaron algo positivo: el morbo de lo sucedido hizo que el monumento, con figuras rotas y todo, fuera el más visitado de la ciudad. ¿La prensa del corazón aprendería de estas cosas para conseguir más audiencia con los escándalos?

Boceto de una falla de 1894 con crítica política (el conflicto de Cuba).

Boceto de una falla de 1894 con crítica política (el conflicto de Cuba).

No sólo la crítica vecinal armaba tales desmadres. La sátira política de aquellos años también trajo problemas a muchos falleros, tanto con los vecinos como con la policía. Por ejemplo, la falla plantada en 1871 en la calle Corretgeria, que tenía un payaso encima de un tonel, fue desmontada por la policía, quizás porque hacía alusión a los problemas con la entonces colonia española en Cuba. Peor suerte corrió el monumento de la calle Carabasses de 1895, que hacía alusión a la visita que hizo Emilio Castelar al Papa León XIII el año anterior. Que el presidente de la República Española hasta 1874 se relacionara con los curas no haría mucha gracia a los republicanos más radicales, y quizás esto fue la razón de que un grupo de personas intentara arrancar la cabeza de los ninots y hasta pintar de negro, en plan grafitero, la capa de la figura del pontífice; o eso, o que estando en plena monarquía había gente que no querían ver ni en ninot a un republicano.  Ese mismo año 1895 y no muy lejos de allí, en la plaza de Pellicers (absorbida por la actual avenida Barón de Cárcer) otra falla sufrió la decapitación de sus ninots, ya que criticaba duramente los fracasos de las campañas militares españolas en el norte de África. El 18 de marzo sobre las siete y media de la tarde, y ante una muchedumbre que esperaba ver la cremà (antiguamente se quemaban sobre las 20 horas de la víspera de San José), un espontáneo animó a la gente a cortar la cabeza a las figuras que representaban personajes públicos y así se hizo, clavando después las cabezas en palos. Después se obligó a la banda de música a interpretar la Marsellesa y el Himno de Riego, y se improvisó una manifestación hasta la sede del diario republicano El Pueblo.

Ahora bien, bastante peores fueron los problemas que originó la falla de la calle Alta de 1905, que representaba un hombre metiendo la cabeza en un pesebre y escribiendo con una pluma con una mano en forma de pezuña. Algunas personas pensaron que los falleros estaban ridiculizando al escritor y político republicano Vicente Blasco Ibáñez (no se sabe si en realidad esa era la intención), y hubo una gran pelea alrededor de la falla con golpes, gritos e incluso disparos que hirieron a dos personas. En medio de todo ese lío, alguien pensó en adelantar la cremà de esta falla y le pegó fuego, y al final el asunto acabó en los juzgados.

Estos desmadres por culpa de la crítica fallera no ocurren hoy en día, entre otras cosas, porque la crítica fallera es en general mucho más suave hoy en día. Además, en siglo XXI estamos más civilizados que en el XIX, o al menos se supone…