‘Marxa de la ciutat’ ¿actual?


Falla Plaza del Mercado Central, 1970

En 1970, la Falla del Mercado Central recuperó a Vicente Luna como artista fallero. El monumento que plantó en el retorno a esa comisión sigue en el recuerdo de muchos; tanto, que incluso su remate apareció en la portada de El Turista Fallero de 2002. Su temática, la lentitud por arreglar los problemas de Valencia y sus carencias, es algo que hasta hoy en día podría aplicarse.

El lema de la falla, La marxa de la ciutat, jugaba con un doble sentido. Mientras que el timbalero, símbolo del poder municipal, marcaba el ritmo para que las hortanizas valencianas cantaran el Himno Regional, Valencia era una Cenicienta que corría el peligro de perder el tercer puesto de España por su retraso en infraestructuras y en el ámbito social. ¿Esto no recuerda un poco al AVE que tarda tanto en llegar, por ejemplo?

El descenso de la población era menos problema en los años 1970 que ahora, pero en la falla ya se llamaba la atención sobre ello porque podría hacer Valencia más pequeña. En aquellos años a las parejas no les importaba tener tres y cuatro hijos, y ahora es para pensárselo en vista de cómo se ha puesto de cara la vivienda y la vida en general. Para ilustrar la escasa natalidad, una escena de la falla mostraba una pareja de ancianos con un pajarito muerto de la jaula, simbolizando que a los señores ya no les funcionaba el miembro viril.

Otra escena trataba un tema perenne desde hace décadas, como los problemas de tráfico y las multas de aparcamiento: aparecía un parque donde en lugar de flores había señales, dada la saturación de coches en Valencia. No ayudaba al tránsito rodado el ineficiente transporte público, como hacía notar en otro lugar de la falla un cartel donde en vez de “Bus” había escrito “Abús”. Las cosas desde entonces han mejorado, pero la empresa municipal de autobuses sigue recibiendo quejas por su servicio.

Para finalizar, cabe destacar de este magnífico monumento que, en la escena en que Valencia se representa como Cenicienta con su carroza incluida, había un enorme abanico que representaba tres cuadros importantes de la pintura valenciana: El Tribunal de les Aigües (de Ferrandis), Floreal (de Pinazo) y Grupa Valenciana (de Sorolla). En pocas palabras, se trata de una falla que vale la pena recordar por su calidad artística y crítica, y que podría plantarse hoy en día sin perder actualidad.

 

Más información en el libro Vicent Luna: l’art de fer falles, elaborado por la Associació d’Estudis Fallers y editado por el Ayuntamiento de Valencia.