El caballo de Troya de Rubert


Los intentos de innovación en la estética fallera no son nuevos, como demuestra esta falla que se plantó en el año 1963. Su artista, Ricardo Rubert, fue un importante exponente del vanguardismo en el monumento fallero en los años sesenta, llevando a cabo innovaciones como fallas sin ninots o el uso de nuevos materiales para su construcción.

Falla Plaza del Caudillo, 1963 (foto: www.ricardorubert.com)

La falla tenía por lema El nuevo Caballo de Troya y se plantó en la plaza del Caudillo (hoy llamada del Ayuntamiento), en el centro neurálgico de Valencia.  Su figura central era un caballo de Troya de 25 metros de altura, el cual representaba la idea de en España se estaban “infiltrando” casi sin darnos cuenta productos y costumbres del extranjero durante aquellos años de desarrollo económico, los cuales llegaban a sustituir en ocasiones a lo español. Aquella enorme figura estaba montada sobre una plataforma con cabina de camión y ruedas, con la idea de hacer más critica a los nuevos tiempos dando a entender que mientras el caballo de Troya original lo movían cientos de seres racionales (personas) con gran esfuerzo, éste lo trajo a su sitio un motor (un ser irracional) con mucha más facilidad. Por otro lado, entre las patas del animal había una escalera que permitía acceder a un bar (calificado como “modernísimo” por El Turista Fallero) instalado en su interior.

Más concretamente, este nuevo Caballo de Troya y las escenas que había en su plataforma criticaban las nuevas costumbres, los cambios en la moral, el materialismo, la insensibilidad y hasta el gamberrismo que estaban llegando a España, lo cual muchos españoles aceptaban con tal de enriquecerse. Se llama la atención en que  se tomaba “Poca-Cola” en vez de horchata de chufa, helados italianos en vez de españoles, y caldos prefabricados en vez de paella. También se da el mensaje de que los extranjeros han venido para que abandonemos lo nuestro camelándonos con falsas esperanzas de hacernos ricos, siendo su verdadera intención que nos convirtamos en autómatas a sus órdenes y así hacer más grande su nación. Por ello, en la falla se ve que un cohete que es el que han traído para que enviemos fuera de órbita las cosas y tradiciones españolas. Sin embargo, Valencia resiste y continúa con sus costumbres como la mascletà, la traca y los petardos.

Maqueta de la falla (foto: www.ricardorubert.com)

Pero las intenciones de esta falla iban más allá. De una manera simbólica, Ricardo Rubert quería transformar la estética fallera desde dentro, intentando hacerla más universal tanto en formas como en argumentos. O dicho de otra manera, a modo de virus quería movilizar aquel rígido orden establecido en el arte fallero. Sin embargo, el inmovilismo del mundo fallero le impidió cumplir este objetivo y siguió imperando la falla clásica, tendencia que ha llegado hasta nuestros días. No obstante, su fracaso en este sentido no le ha impedido ser una falla muy destacada en su tiempo (fue portada del diario ABC el 19 de marzo de 1963), y tan memorable que hasta se le hace un homenaje en el proyecto de Na Jordana de 2013.

Taller de la Falla Na Jordana 2013 (foto: www.najordana.es)