Fallas y autismo, una relación difícil pero no imposible


Las Fallas es una fiesta que atrae a millones de personas. Sin embargo, a muchas que están dentro del trastorno del espectro autista (TEA) les pueden resultar difíciles de soportar o de entender. Ahora bien, algunas comisiones están haciendo esfuerzos por ayudarlas a integrarse en esta tradición.

Falla infantil de Plaza de Jesús, 2014.

Para las personas con autismo, las Fallas pueden convertirse en un inconveniente que les afecte en mayor o menor medida. El bullicio y los continuos petardos, e incluso las bandas de música, pueden ser un problema para los que padecen hipersensibilidad auditiva, que se ponen nerviosos y en casos más extremos pueden llegar al pánico. Algunos se tapan los oídos, corren para esconderse del ruido o lloran. Para evitar este problema se pueden utilizar tapones o cascos para oir música que mitiguen el sonido, pudiendo de esta manera salir a la calle a pesar de los fuertes estímulos auditivos.

Otro problema que puede surgir a un afectado por TEA es el social. Las Fallas atraen a millones de personas cada año, sobre todo cuando caen en fin de semana, y las aglomeracions de gente no las soportan muchas de las personas con autismo. No obstante, este problema es más fácil de solucionar que el anterior, ya que basta con no ir a los puntos de acumulación de gente (centro de Valencia, luces de Russafa, fallas de la sección especial…), ya que afortunadamente las fallas se celebran en toda la ciudad y en otras localidades y no es necesario para disfrutar de la fiesta.

Así pues, la integración en las Fallas de los afectados por el autismo no siempre es fácil por las mencionadas razones y por otras. Por este motivo, hay comisiones falleras que se han sensibilizado con el tema y han intentado ayudar a que exista con acciones como explicar la falla infantil con pictogramas, algo que hacen las fallas de Plaza de Jesús y Marqués de Montortal-Berni y Català desde hace años. Una explicación visual con pequeños dibujos hace más fácil de entender el monumento, haciendo así que muestren más interés por el mismo y una actitud más positiva hacia la fiesta en general.

También es destacable la iniciativa que durante en ejercicio pasado llevó la Falla la Plaça de Torrent, que con el nombre “Solidaritza’TEA” fue un esfuerzo para explicar a los vecinos qué es TEA e integrar en la fiesta a afectados por el mismo, dando la mayor difusión posible al proyecto. Para el primer punto se desarrollaron charlas para los adultos y actividades para los niños, así como mensajes informativos a través de las redes sociales de la comisión. Para el segundo, niños de la fundación Mira’m fueron falleros de honor y participaron en las actividades de la falla. Además, el monumento infantil estuvo dedicado al TEA, siendo obra de un artista ya experto en fallas con mensaje solidario, Raúl Martínez “Chuky”.

En definitiva, no es imposible que las personas con autismo puedan disfrutar de las Fallas, aunque en algunos casos tengan que perderse algo de las mismas porque no haya remedio (como la mascletà, el acto que produce más ruido). No obstante, el trastorno del espectro autista es tan amplio que incluso hay personas que lo padecen y que no tienen problemas con la fiesta, aunque lo normal es que sí tengan uno u otro.